Los pisos para renovar son de partida un 20% más baratos que los de nueva planta

Suelos y techos impecables, baños perfectamente alicatados, y ventanas herméticas con vistas a una bonita piscina aún sin estrenar. Las diferencias entre comprar un piso nuevo y otro de segunda mano saltan a la vista. También al bolsillo. Una vivienda de nueva planta de 100 metros cuadrados es 36.000 euros de media —un 20%— más cara que una usada con la misma superficie, según los datos del Consejo General del Notariado, que calcula en 1.381 euros el metro cuadrado de la usada y en 1.741 euros el de la nueva.

La brecha es mucho más gruesa si se trata de un inmueble antiguo —normalmente más de 30 años— que necesita un lavado de cara o meter pico y pala. «Una vivienda que precisa una reforma parcial puede ser hasta un 10% más barata que una nueva y si es integral hasta un 20%», dice Manuel Gandarias, director del gabinete de estudios de Pisos.com. En casos muy concretos puede llegar al 50% en grandes capitales. «Tomamos como referencia el precio del distrito de Salamanca, en Madrid, a 4.515 euros el metro cuadrado, cuando hay pisos nuevos que se venden a 10.000 euros el metro cuadrado», prosigue.

Cuanto peor esté la casa, más rebajas va a conseguir el comprador. Y cuantos más años tenga, menos cargas hipotecarias –en la mayoría de los casos estarán ya libres de hipoteca–, por lo que el dueño tiene más libertad para rebajar el precio, algo que no puede hacer una promotora. «Es probable que la compra de una vivienda de segunda mano para reformar salga mejor que la compra de obra nueva, ya que en el primero siempre puedes mejorar la oferta mientras que en el segundo es muy difícil negociar precios», dice Enric Jiménez, fundador de la agencia de personal shopper inmobiliario Somrie.

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